Historia

UNA HISTORIA DE LA FIDELIDAD DE DIOS – IBGS

Toda iglesia tiene una historia. Una historia de personas, decisiones, desafíos y momentos que quedan grabados en la memoria. Pero, por encima de todo, la historia de una iglesia fiel es la historia de la gracia y la fidelidad de Dios. Y esa es nuestra historia.

La historia de la Iglesia Bíblica Gracia Soberana comenzó en el año 2018. El 5 de febrero de ese año, diecisiete hermanos nos reunimos con un propósito especial: proponer al Pastor Jorge que fuera nuestro pastor y comenzara con nosotros esta nueva obra. Éramos solamente diecisiete hermanos. No teníamos un local, una gran estructura ni grandes recursos, pero sí compartíamos una profunda convicción: queríamos formar una iglesia firmemente fundamentada en la Palabra de Dios, una iglesia donde Cristo fuera exaltado, el evangelio fuera proclamado y las Escrituras ocuparan el lugar central.

Seis días después, el domingo 11 de febrero de 2018, celebramos nuestro primer culto. Y desde el comienzo, Dios hizo algo que nos sorprendió profundamente. Aunque la iglesia había sido iniciada por diecisiete hermanos, aquel primer domingo asistieron casi cien personas. Aquello fue una de las primeras evidencias de que Dios estaba haciendo algo que iba mucho más allá de nuestras propias fuerzas.

Durante las primeras dos semanas realizamos nuestros cultos en las oficinas que algunos de los hermanos fundadores pusieron generosamente a disposición de la iglesia. Sin embargo, en poco tiempo la cantidad de personas comenzó a superar la capacidad de aquel lugar y nuevamente tuvimos que buscar dónde reunirnos. Entonces, una familia de nuestra iglesia abrió las puertas de su hogar. Su primer piso se convirtió en el lugar donde la congregación se reunía para adorar a Dios, mientras que su azotea fue acondicionada para recibir a los niños de la iglesia. No era un gran edificio ni un lugar diseñado especialmente para una congregación, pero aquello nos recordaba una verdad fundamental: la iglesia nunca ha sido un edificio. La iglesia es el pueblo que Dios ha redimido y que se reúne para adorarle, crecer en su Palabra y proclamar el evangelio.

Después de aproximadamente un año, el Señor nos permitió dar otro paso. Alquilamos nuestro primer local, ubicado frente al Parque Bolívar (Surquillo). Era un nuevo capítulo en la historia de la iglesia. Dios continuaba añadiendo personas, la congregación seguía creciendo y nuestro deseo seguía siendo el mismo: permanecer fieles a las convicciones con las que habíamos comenzado.

Entonces llegó un tiempo que nadie esperaba: la pandemia.

En marzo del año 2020, las iglesias en Lima cerraron sus puertas debido a las restricciones establecidas por las autoridades. Fue una etapa marcada por la incertidumbre, el temor y muchas preguntas acerca del futuro.

Sin embargo, en medio de aquella situación, también tuvimos que reflexionar profundamente acerca de lo que creemos que es la iglesia y de la importancia de la congregación del pueblo de Dios. Reconociendo el deber de dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, estábamos convencidos de que, aun respetando la autoridad civil en todo aquello que legítimamente le corresponde, la iglesia no podía abandonar aquello que pertenece exclusivamente a Dios.

En ese contexto, fuimos profundamente influenciados por el ejemplo y la convicción de Grace Community Church, en California, donde pastoreaba el Dr. John MacArthur. Al igual que ellos, llegamos a la convicción de que la iglesia es indispensable y de que la reunión del pueblo de Dios no es simplemente una actividad opcional ni un elemento secundario de la vida cristiana.

Creímos profundamente que, incluso en medio de una situación tan difícil, el pueblo de Dios necesitaba congregarse, escuchar la Palabra, orar, cantar y adorar juntos a su Señor. Por esa razón, siguiendo nuestras convicciones bíblicas y unidos en espíritu a otras iglesias que también habían llegado a la misma conclusión, decidimos volver a abrir nuestras puertas.

No fue una decisión tomada a la ligera. Era un tiempo complejo, lleno de incertidumbre y desafíos. Pero estábamos convencidos de que la iglesia de Cristo es esencial en la vida de los creyentes y de que, precisamente en tiempos de temor, incertidumbre y sufrimiento, el pueblo de Dios necesita reunirse para recordar quién es su Dios, escuchar su Palabra y animarse mutuamente.

Y mientras atravesábamos aquel periodo, el Señor continuó mostrando su fidelidad. Aun en medio de la pandemia, cuando el futuro parecía incierto, Dios proveyó para nuestra iglesia un lugar más grande. Con la mirada puesta en el futuro y con el deseo de poder albergar a más personas y continuar sirviendo fielmente al Señor, en el año 2020 el Señor abrió las puertas de nuestro actual local, ubicado en la intersección de San Agustín con Víctor Mantilla, en la localidad de Surquillo.

Cuando miramos hacia atrás, resulta difícil no reconocer la mano providencial de Dios. Comenzamos siendo diecisiete hermanos; en nuestro primer culto asistieron casi cien personas; nos reunimos inicialmente en unas oficinas, luego en la casa de unos hermanos, después en nuestro primer local frente al Parque Bolívar y, finalmente, en el año 2020, Dios nos permitió llegar al lugar donde continuamos congregándonos hasta el día de hoy.

Actualmente, la Iglesia Bíblica Gracia Soberana cuenta con una membresía de casi 370 personas y, cada domingo, entre miembros y asistentes, aproximadamente 550 personas se congregan para adorar juntos al Señor. Dios también ha permitido que la iglesia sea servida por dos pastores a tiempo completo y tres diáconos. Sin embargo, cuando contamos esta historia, no queremos simplemente hablar de crecimiento, porque el crecimiento numérico, por sí solo, nunca ha sido nuestro objetivo. Nuestro mayor anhelo ha sido y continúa siendo la fidelidad: fidelidad a Cristo, fidelidad al evangelio y fidelidad a la Palabra de Dios.

Esta convicción ha marcado profundamente la identidad de nuestra iglesia. Ambos pastores han tenido el privilegio de graduarse de The Master’s Seminary y hemos sido fuertemente influenciados por el ministerio del Pastor John MacArthur y por su compromiso con la autoridad, suficiencia y centralidad de las Escrituras. Además, hemos tenido el privilegio de ser pastoreados y formados por hombres fieles como los pastores Roberto Sánchez y Esteban Bustos.

Por esta razón, una de las convicciones fundamentales de nuestra iglesia es la predicación expositiva de la Palabra de Dios, acompañada de un profundo amor unos por otros. Creemos que la iglesia no necesita principalmente escuchar las opiniones, ideas o filosofías de los hombres; la iglesia necesita escuchar lo que Dios ha dicho. Por eso abrimos la Biblia, estudiamos los libros de las Escrituras en su contexto y buscamos explicar fielmente el significado del texto. Creemos que la tarea del predicador no es inventar un mensaje, sino exponer fielmente el mensaje que Dios ya ha revelado.

Queremos ser una iglesia que valore profundamente el Libro de Dios; una iglesia donde las Escrituras sean leídas, predicadas, estudiadas, enseñadas, vividas y transmitidas a la siguiente generación.

Cuando miramos hacia atrás, desde aquel 5 de febrero de 2018, solo podemos decir una cosa: Dios ha sido fiel. Éramos diecisiete hermanos reunidos con el deseo de comenzar una iglesia. No podíamos imaginar todo lo que el Señor tenía preparado. No sabíamos dónde nos reuniríamos, cuántas personas llegarían ni cuáles serían los desafíos que enfrentaríamos. Pero Dios sí lo sabía. Y paso a paso, lugar tras lugar y año tras año, el Señor ha ido mostrando su fidelidad.

Por eso, esta no es simplemente la historia de una iglesia que comenzó pequeña y creció. Es la historia de la gracia de Dios obrando a través de personas imperfectas. Es la historia de la fidelidad de un Dios que ha sostenido a su pueblo y un recordatorio de las palabras de nuestro Señor Jesucristo: «Edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella» (Mt.16:18).

Esa promesa ha sido nuestra confianza desde el principio y continuará siendo nuestra confianza en el futuro. Hoy damos gracias a Dios por cada persona que ha formado parte de esta historia: por aquellos diecisiete hermanos que dieron aquel primer paso; por quienes abrieron las puertas de sus oficinas y de su hogar; por quienes han servido, enseñado, discipulado, orado y sacrificado; y por cada miembro que, a lo largo de estos años, ha sido parte de esta congregación.

Pero, por encima de todo, damos gracias a Dios, porque sabemos que, si algo bueno ha ocurrido, ha sido por su gracia. Miramos hacia atrás con gratitud, miramos el presente con humildad y miramos hacia el futuro con esperanza.

Nuestro deseo no es simplemente ser una iglesia más grande. Nuestro deseo es ser una iglesia más fiel: fiel a Cristo, fiel al evangelio y fiel a las Escrituras. Y mientras el Señor nos conceda el privilegio de continuar sirviéndole, nuestro compromiso seguirá siendo el mismo: glorificar a Dios, edificar a los santos y evangelizar a los perdidos.

Porque esta historia comenzó con diecisiete hermanos, pero desde el principio el protagonista nunca hemos sido nosotros. El protagonista de esta historia siempre ha sido Dios.

Y hasta aquí, podemos decir con gratitud y humildad:

¡El Señor ha sido fiel!

Soli Deo Gloria.